NOTA DEL AUTOR
En todo proceso de liderazgo es imprescindible comprender como se
desarrollan y manifiestan las dinámicas grupales.
El grupo está presente en cada etapa de desarrollo, nacemos, vivimos,
nos desarrollamos y dejamos este mundo en instituciones y organizaciones. Estas
a su vez se componen de grupos formados por un sin número de individualidades
cada una con sus propias experiencias y expectativas.
Las necesidades son el motor de las relaciones vinculares y estas
tienen sus representaciones en la vida cotidiana. Los grupos son parte indisoluble
de la cotidianidad y el escenario donde esta se desarrolla.
Los grupos, en un sentido operativo, solo existen si se dan dos
parámetros que son base y fundamento de su accionar. Nos referimos a la Noción
de Tarea (NOT)que le da su razón de ser, sus objetivos y a la Mutua
Representación Interna (MRI) que le dan sustento y sostén estableciendo su
contexto relacional, donde entran en juego no solo las necesidades individuales
sino también la grupales. En ese intercambio de tarea y necesidades se pone en
juego y se desarrollan los vectores tales como la pertenencia, la comunicación,
la empatía y en esencia todo proceso de aprendizaje.
Si hay aprendizaje, hay adaptación activa de la realidad y esto se
traduce como una predisposición y adaptación en un ámbito de psicohigiene a los
permanentes cambios que se dan en la sociedad de hoy.
Cada uno de nosotros es portador de un estilo o matriz de aprendizaje,
que forma parte de nuestra formación como individuos desde nuestra más temprana
edad. La familia no es solo la institución básica de toda sociedad, sino que es
el grupo primordial donde aprendemos a ver el mundo de una manera muy
particular, la que nos muestran fundamentalmente en función de las experiencias
de otros. A medida que vamos creciendo, la adolescencia primero y la adultez
después van marcando nuestro camino, despertamos a realidades diferentes. En
muchos casos se produce una colisión entre nuestro mundo interno y el externo,
es decir entre lo que creemos que es y lo que en realidad es, dando lugar a la
formación de nuestra conducta. Ésta no es fija ni inmutable sino que es trabajable
y adaptable en función de nuestras propias experiencias. El grupo será entonces
un lugar de tarea, pero también de comunicación, aprendizaje y sostén.
De ahí la importancia de indagar nuestra vida cotidiana, para
conocernos mejor, por ello analizar nuestra distribución del tiempo entre el
trabajo, la familia y el tiempo libre, será de gran ayuda para llevar adelante
nuestras responsabilidades en un marco de salud, de intercambio y porque no, de
disfrute.




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